Exijo una explicación
Era de noche y viajaba en un ómnibus. Estaba sentado en la última fila, cerca de la puerta posterior. Como siempre, no faltaba alguien que, utilizando la lástima como herramienta, hablaba de su trágica vida metida en las drogas. De su afán por salir de ellas rehabilitándose en un centro especializado. Quizás era del Centro Victoria. No lo recuerdo (es que son tantos y todos con diferente discurso) . En fin, su intención -como ya es sabido- era pedir unas monedas. Todos, los pocos que iban parados y quienes viajábamos sentados, casi ni lo mirábamos y apenas si lo escuchábamos.
Al terminar de hablar fue de asiento en asiento con las manos extendidas y haciendo sonar las monedas que llevaba. Mismo cobrador. Empezó por adelante. En eso subió una pareja de jóvenes estudiantes y encontraron sitio a mi lado y se sentaron. Iban conversando desde antes que subieran. No paraban. Estaban entretenidos y distraídos. El mundo era para ellos.
El tipo que pedía monedas, con facha de cobrador y haciendo sonar los céntimos en su mano, llegó a ellos. Ambos jóvenes, completamente distraídos y creyendo que era el cobrador del ómnibus, "pagaron" su pasaje. Eso sí, muy solemnemente sacaron su carnet universitario, se lo mostraron y le dieron sus 0.50 céntimos cada uno. Y él, más emocionado que confundido, recibió el dinero y al rato bajó por la puerta trasera. Los jóvenes seguían conversando. Ensimismados.
Yo carcajeaba por dentro. No me atrevía a decirles lo que habían hecho. Quería saber en qué terminaba todo. Quería ver la reacción del verdadero cobrador, que viajaba sobre el estribo delantero y cobrando el pasaje a los que bajaban.
No me quería perder el desenlace. El ónmibus que me transportaba por las avenidas La Marina, Faucett, Quilca y finalmente Perú, estaba a punto de dejarme en mi paradero. Felizmente estos jóvenes, que continuaban conversando, bajaban dos cuadras antes.
Se pararon. Él gritó "bajan atrás". El cobrador hizo la seña al chofer y el ómnibus paró. Éste bajó, corrió hasta la puerta trasera y les dijo: "pasajes, pasajes". Los jóvenes, asombrados y casi molestos, respondieron: "si ya te pagamos". "¡No seas vivo, pues!", agregó ella. Era tanta su seguridad que el cobrador se quedó mudo y con las manos extendidas. Ellos bajaron y él quedó totalmente confundido. Su cara de sorprendido no lo olvidaré jamás. Parecía decir: "exijo una explicación". Tipo Condorito.
Yo seguía carcajeándome por dentro. Me paré, fui hasta la puerta delantera y, debido a que la confusión en el cobrador no desaparecía, bajé sin que me cobre pasaje. Ni siquiera vio la moneda en mi mano extendida. Aún no reaccionaba y seguía exigiéndose explicaciones. Mejor para mí. Fui caminando con una pícara sonrisa en el rostro y haciendo un recuento de lo sucedido. Concluí en que tuve un feliz viaje del trabajo a casa. Claro, lo hice sentado -ya que casi siempre lo hacia parado-, me divertí y encima no pagué pasaje. Qué más pues. Y con ese sol que no gasté, compré un chocolate para seguir endulzando el camino.









1 Comments:
Ya era tiempo que te animes a crear tu blog, no seas tan serio ni ocioso, y empieza a escribir, que quiero leerte.
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