Patadas y goles políticos
Apenas se dio el pitazo inicial, los partidos políticos (léase equipos de fútbol) salieron al campo con la pierna en alto. Foul por todos lados. Golpes arteros e insultos. En cualquier sector del terreno, sea por izquierda o por derecha. Sin duda, la campaña para las próximas elecciones trae consigo un singular espectáculo. Para todos los gustos. Para todos los colores.
El APRA, que no precisamente practica el fair play político, lanzó hace poco un puntapié nada solapa a Justicia Nacional, y de taquito atacó a Unidad Nacional. Y es que Jorge del Castillo, adueñándose del balón tras recibir un pase en callejón de su líder Alan García, denunció que grupos financieros habrían –sí, “habrían”– ofrecido dinero a Jaime Salinas a cambio de que retire su candidatura, lo cual beneficiaría a Lourdes Flores Nano. El mejor sustento fue que tenía fuentes confiables, pero nunca dijo quién, cómo, cuándo ni dónde. Es decir, el viejo artilugio de acusar sin pruebas para conseguir algún rédito. El famoso “miente, miente que algo queda”. El ya conocido disparo de dos cañones.
Y precisamente un cañonazo y de larga distancia fue el que disparó luego Salinas como respuesta. Directo al área aprista. Le dijo de todo a Del Castillo. Viejo, mentiroso y payaso. Pidió debatir con el dueño del circo y le exigió que renuncie a su candidatura si no presentaba pruebas de las acusaciones. Pero Alan, enseñoreado en el campo y pisando pelota, le restó importancia porque no debatía con “cualquiera”. Y eso sí que dolió más que una patada a la canilla.
Esta pichanga aparte puede beneficiar, sin hacer una jugada ni dar un buen pase, a Lourdes. Ella observa, no precisamente en la tribuna pero sí desde un costado del campo, frunciendo el ceño y mordiéndose los labios. Sabe que sólo las próximas encuestas decidirán si saldrá o no beneficiada.
La otra pichanga –o más bien el “caramelo”– es la que juega Ollanta Humala. Ha retrocedido sus líneas tras las adversas encuestas. Ahora debe jugar a la defensiva y renunciar por el momento al ataque. Pues al escándalo dentro de UPP por el cupo para congresistas se ha sumado la denuncia de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Es acusado, en este caso con testigos, de ser autor de tres desapariciones forzadas –o no haberlo evitado teniendo la autoridad para hacerlo– cuando era jefe de una base antisubversiva. No hay que ser adivino para saber lo que dirán los próximos sondeos. Lo que sí se sabe es que Humala lo tomará, como siempre, deportivamente, haciendo pataditas y cabecitas. Y si alguien dijo que había tocado techo, no se equivocó. Su acelerada subida en las encuestas, sus desbordes por izquierda y sus jugadas a tiro de gol, tuvieron una barrera bien parada: su relación con Hugo Chávez y Evo Morales que muchos no aprueban ni aprobarán. Aunque otros –los humalistas por convicción, los confesos nacionalistas y ciudadanos antisistema– sí estarán con él hasta el final.
A esta altura del partido todo puede pasar. Como la subida lenta pero más que segura de Martha Chávez, apoyada por el nada despreciable voto fujimorista. O la cada vez más lejana posibilidad de Valentín Paniagua. También se sabe lo que no puede pasar. Es el caso Diez Canseco, Olivera, Amprimo y demás candidatos que juegan de “mantequilla”. Con escaso público y aplausos caseros. No hacen jugadas para la tribuna. Más bien reciben uno que otro sombrerito, una huachita… Con ellos no pasa nada. O mejor dicho, los de arriba los pasan por encima.
El final del partido, el último pitazo, sonará el 9 de abril. Aunque es más que seguro que habrá segunda vuelta, es decir, tiempo suplementario y con gol de oro. No habrá goleada y sólo alguien ganará por un marcador ajustado. El juez, el gran árbitro, es el público elector. Y sabrá a quién mostrar tarjeta roja.








